Las brujas de El Paso, Spanish-language edition of The Witches of El Paso

LIST PRICE $18.00

About The Book

Una abogada y su anciana tía abuela utilizan sus dones supernaturales para encontrar a una niña perdida en esta “asombrosa novela que rompe los esquemas del género y trata de la magia que canta a nuestro alrededor” (Julia Phillips, autora de Dissapearing Earth), siguiendo la misma línea de La herencia de la orquídea divina y La hacienda.

Las brujas no existen, pero llegan cuando se las invoca.

1943, El Paso, Texas: Nena, una adolescente, pasa sus días a cargo de los bebés de sus hermanas mayores mientras anhela una vida de aventura. Las premoniciones y desmayos que ha tenido que soportar desde su infancia vienen empeorando, y a Nena le preocupa acabar como la vieja curandera que vive en su misma calle, y que atemoriza a todos. Reza pidiendo algún tipo de ayuda y, cuando una noche muy tarde se aparece sor Benedicta, Nena la seguirá para cruzar fronteras en el espacio y el tiempo. En el México de la Colonia, Nena llegará a dominar sus poderes, encontrará el amor y aprenderá que la magia siempre tiene un precio.

En el presente, Marta, la sobrina nieta de Nena, se esfuerza por mantener el equilibrio entre su trabajo como abogada en un despacho, sus hijos y el cuidado de su tía abuela de noventa y tres años. Cuando Marta accede a ayudarle a encontrar a la hija perdida que dejó en el pasado, se forja una fuerte conexión entre ambas. Los poderes sobrenaturales de Marta afloran, despertando nuevas posibilidades en ella, que amenazan la vida que ha construido hasta entonces.

A lawyer and her elderly great-aunt use their supernatural gifts to find a lost child in this “wild, wondrous novel about the magic that is singing all around us” (Julia Phillips, author of Disappearing Earth)—in the vein of The Inheritance of Orquídea Divina and La Hacienda.

If you call to the witches, they will come.

1943, El Paso, Texas: teenager Nena spends her days caring for the small children of her older sisters and longing for a life of adventure. The premonitions and fainting spells she has endured since childhood are getting worse, and Nena worries she’ll end up like the scary old curandera down the street. Nena prays for help, and when the mysterious Sister Benedicta arrives late one night, Nena follows her across the borders of space and time. In colonial Mexico, Nena grows into her power, finding love and learning that magic always comes with a price.

In the present day, Nena’s grandniece, Marta, balances a struggling legal aid practice with motherhood and the care of the now ninety-three-year-old Nena. When Marta agrees to help search for a daughter Nena left in the past, the two forge a fierce connection. Marta’s own supernatural powers emerge, awakening her to new possibilities that threaten the life she has constructed.

“Sexy, smart, and soulful, Luis Jaramillo’s The Witches of El Paso pulls us across borders and time to get to the essence of what it means for families to survive this beautiful, fractured world” (Mira Jacob, author of Good Talk).

Excerpt

Capítulo 1 1
Es culpa suya —le espeta Sofía a Marta, que está sentada detrás del escritorio, frente a ella—. Mi marido me dejó. Mis hijos no me dirigen la palabra.

—Los casos como este se tardan bastante tiempo —le dice Marta, tratando de ser paciente. Sofía tiene más o menos la misma edad que ella, cuarenta y tantos. Están hablando en español. Marta toma aire—. Sé que ha sido difícil para usted.

—Usted qué va a saber de mi vida. Usted sí es ciudadana estadounidense. Su esposo es médico. Es una abogada rica —se queja Sofía, estrujando su bolsa contra el pecho.

Marta se inclina, y el filo del escritorio se le clava en los antebrazos. Nadie puede pensar que su trabajo la hace rica o que cualquier otro empleado del despacho está allí por dinero.

—¿Por qué vino hoy al despacho? —le pregunta Marta, tratando de sonar amable.

—Ojalá jamás las hubiera conocido, ni a usted ni a Linda.

—Ya es un poco tarde para decir eso —contesta Marta. Calma… calma.

—Son brujas. Me echaron el mal de ojo.

A Marta ningún cliente la había tratado de bruja antes, ni la habían acusado de desearle el mal a nadie. Y Linda Camacho, la trabajadora social, es la persona más religiosa que Marta conoce, genuinamente religiosa.

—Lo único que hemos hecho es tratar de ayudar —afirma Marta, y el tono de mártir de su voz le parece odioso. Comienza a oír un zumbido en su oído izquierdo, y menea la cabeza.

Sofía la mira, y sus ojos saltones parecen aún más protuberantes en su cara redonda.

—Voy a decirles a los investigadores que me equivoqué.

—¿Qué se equivocó con respecto a qué?

—A Soto. Les voy a decir que nunca me puso un dedo encima.

Marta siente que se le hiela el cuerpo, y el zumbido se hace más fuerte. Se frota las sienes. —Si cambia su testimonio, sería como admitir que cometió perjurio.

—No sé qué es eso ni me importa.

—No sea idiota —revira Marta.

Sofía retrocede como si la hubieran abofeteado, y parece que quisiera hundirse y desaparecer en el asiento. Marta siente que hubiera podido contestarle de manera menos brusca, pero no se arrepiente de haber dicho la verdad. Sofía no tiene idea de lo que está haciendo ni del trabajo que está deshaciendo.

Sofía se levanta torpemente, y la bolsa se le cae al piso. Se abre, desparramando su contenido. Marta rodea el escritorio, agachándose para recoger un cepillo de pelo, un estuche de polvos faciales, un tubo de brillo labial, un espejito, un paquete de chicles de canela y una estampita laminada de la Santa Muerte. Le entrega todo a Sofía, que lo embute de nuevo en la bolsa. Marta divisa una cuenta de vidrio azul que rodó hacia la pata del escritorio. La levanta, sosteniéndola en la palma de la mano. Sofía se la arrebata de un manotazo.

—Voy a contarles a las otras cómo me ha tratado usted. Ellas tampoco están contentas con cómo va el caso —dice Sofía, de camino hacia la puerta.

Marta se alegra de verla irse. Sofía siempre ha sido un problema, incluso al principio, cuando se quejó del monto de los honorarios del despacho, convencida de que Marta pretendía quedarse con una porción de la indemnización, como si fuera una de las socias de una firma de abogados comerciales en lugar de la subdirectora de un bufete jurídico sin fines de lucro al borde de la quiebra.

Marta se voltea para contemplar la sierra de los Mansos. El viento del oeste forma tolvaneras de polvo amarillo sobre el cielo azul. Abajo, los carros se deslizan por las calles del centro de El Paso. Los senderos de la plaza San Jacinto brillan con la luz del sol poniente.

Cuando el despacho presentó la demanda por acoso sexual en contra de la compañía Soto Pecans y de su dueño, Marta les advirtió a sus clientas que las cosas se podían poner feas. Durante el proceso, las mujeres y todos sus allegados habían recibido citaciones y habían tenido que acudir a declarar, sacando a la luz sus secretos. Con la revelación de cada desagradable detalle, el equipo jurídico de Soto Pecans había atacado con más fuerza a las demandantes. Mientras tanto, Marta siente que con cada nuevo ataque pierde una parte de su ser.

A veces se pregunta si en realidad todo esto está sirviendo de algo, si no habría sido mejor que se esforzara por llegar a convertirse en jueza, como lo esperaba su abuela Olga y todos los demás. En días como este, le parece que el caso de Soto Pecans ha sido perjudicial para sus clientas, que nunca tenían tiempo para nada fuera de su trabajo.

Clientas como Sofía.

Siente una oleada de calor incómodo a medida que el arrepentimiento se apodera de ella.

Odia salirse de sus casillas. A pesar de la gloriosa sensación del momento. No puede permitirse perder clientas en este caso. Sabe que no se requiere mucho para que toda la demanda se venga abajo. Si Sofía logra convencer a unas cuantas mujeres de retractarse, la esperanza de llegar a un arreglo o de ganar un juicio se habrá perdido. A Marta le preocupa que, por andar haciendo demasiadas cosas a la vez, haya dejado de ser la abogada que siempre había sido.

El despacho necesita que este caso llegue a un arreglo y les den la indemnización para poder seguir funcionando. Ella lo sabe muy bien, pues está a cargo del presupuesto. El director general, Jerome, apodado “El tiburón” por su esposa, Patricia, debido al mito de que los tiburones deben nadar constantemente porque solo así pueden respirar, está cerca de los ochenta años y sigue litigando. Es un excelente abogado y un buen amigo, padrino de Rafa, pero Marta no logra que él se preocupe por el hecho de que solo les quede dinero suficiente para pagar los sueldos de un par de meses. Si no ganan este caso, será por culpa de Marta, y el despacho estará un paso más cerca del cierre. Si eso llegara a suceder, ¿qué sería de ella?

Una mariquita se posa en su mano, en el nudillo del pulgar, y le hace cosquillas. Marta se pregunta cómo llegó allí el insecto. No hay ninguna ventana abierta en el edificio. El caparazón del bicho es de un rojo subido. Su compañera de cuarto en la universidad tenía una teoría al respecto: que las marcas más importantes del mundo utilizaban ese tono de rojo para atraer a los jóvenes por su parecido con la sangre. Marta siempre pensó que se refería a una fijación de los jóvenes con la sangre. Pero la sangre tiene muchos significados: es también un término relacionado con la familia.

La sangre es vida, y ella va ya a medio camino de la suya. Durante los últimos veinte años, el despacho ha sido su vida, y Jerome y los demás abogados y el resto del personal se han convertido en sus mejores amigos, su otra familia. Pero hay un lado oculto de Marta que añora algo diferente de ese mundo en el cual habita. Ese lado oculto quisiera tomar el control, aunque fuera solo para descontrolarse, para hacer locuras, para ser irresponsable, para dejarse llevar y ser libre. Si esa parte oculta fuera la que estuviera al timón de su vida, tendría una aventura, aunque solo fuera para saber qué se sentía. Perdería el caso contra Soto Pecans intencionalmente. Actuaría con tal incompetencia que la despedirían y jamás volvería a conseguir trabajo como abogada. Volvería a empezar de nuevo, dejando a los niños en El Paso, con Alejandro, para irse de viaje con su amante, un hombre más joven, y nadarían en las albercas más fabulosas del mundo y se entregarían al desenfreno sexual en habitaciones de hoteles de lujo.

La mariquita se desplaza hasta el centro de la palma de su mano y trata de meterse en su piel, como si tuviera pequeños garfios en el extremo de sus patas. Marta la retira de su mano, molesta.

Tiene que recomponerse y tomar el control. No está haciendo más que perderse en ensoñaciones.

Lo que necesita es concentrarse para ganar el caso de Soto Pecans de manera incuestionable. Un arreglo que les conceda una indemnización de un par de millones de dólares serviría para mantener el despacho a flote y hasta alcanzaría para convencer a Jerome de retirarse, para que ella finalmente se quedara a cargo. Está cansada de esperar. Si Jerome necesita un empujoncito para irse, ella estaría dispuesta a dárselo.

Por lo pronto, Marta se toma dos tabletas de ibuprofeno y va a la cocina en busca de una taza de café requemado, que es lo único que sabe preparar la vieja cafetera que tienen allí. Se dirige a la oficina de Jerome para contarle lo de Sofía. Jerome sigue siendo el jefe, y Marta siempre le ha pedido consejo, aunque no necesariamente lo siga. La oficina se ve igual que el día que ella llegó a trabajar por primera vez en el despacho, desprovista de muebles y, al mismo tiempo, atiborrada de cosas. Los polvorientos códigos legales se amontonan en libreros vencidos por el peso, las cajas con expedientes se apilan sobre maltrechos archiveros. Las lámparas fluorescentes emiten un zumbido, alumbrando el desgaste general de la oficina, la raída alfombra del reglamentario color café, manchada por bebidas derramadas. En el espacio que hay frente a la oficina de Jerome se encuentra Linda, estacionada en el escritorio de Cristina, la asistente legal.

Linda menea la cabeza, y sus aretes se mecen con su risa contagiosa. A Marta la asalta el cariño que les tiene a estas mujeres. No va a permitir que pierdan sus puestos por un error suyo.

Golpea insistentemente en la puerta abierta de la oficina de Jerome, y el ruido lo sobresalta.

El abogado suelta la pluma y se levanta.

—Metí la pata con Sofía Hernández, del caso de Soto Pecans —dice Marta, bebiendo un sorbito de su taza de café—. Le dije que no fuera idiota.

—¡Qué problema, Marta! ¡Ay, qué problema! —contesta Jerome, meneando la cabeza, pero las comisuras de su boca se estremecen.

Marta no cree que sea asunto de risa.

—No podemos permitirnos perder este caso. ¿Has visto el balance de gastos e ingresos de este trimestre?

—Eso también es un problema —comenta Jerome—. Y por eso mismo vas a ganarlo. Vas a aprovechar toda esa energía chingona, y lo conseguirás.

A Marta no le gusta esa palabra. Los hombres no deben ser insistentes.

—Nena está en el teléfono —dice Cristina desde la puerta.

—Después le devuelvo la llamada —contesta Marta. No suele suceder que su tía abuela la llame durante el día.

—Hubo un incendio en su casa —explica Cristina, mientras Marta se levanta preocupada—. No te angusties. Dice que vinieron los bomberos y que todo está bien. Pero quiere que pases por allá.

—Más vale que vaya a ver qué pasó —le dice Marta a Jerome.

—¿Esa es tu tía, la bruja? —pregunta Jerome.

—No digas eso.

About The Author

Photograph by Matthew Brookshire

Luis Jaramillo is the author of The Witches of El Paso and the award-winning short story collection, The Doctor’s Wife. His writing has appeared in LitHubBOMB MagazineLos Angeles Review of Books, and other publications. He is an assistant professor of creative writing at The New School. He received an undergraduate degree from Stanford University and an MFA from The New School. Find out more at LuisJaramillo.com.

Product Details

  • Publisher: Atria/Primero Sueno Press (November 4, 2025)
  • Length: 304 pages
  • ISBN13: 9781668201367

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